Sueños nómadas

¿No sería genial que cada mañana nos despertasemos en el lugar con el que estabamos soñando? No habría depresiones, guerras ni problemas de identidad nacional. Cada mañana despertaríamos en un lugar distinto.
Digo esto porque hace semanas que sueño con que estoy en Granada, pero hace meses que me despierto cada mañana en Gdansk.

¿Y que sueño? Sueño que camino por sus ruidosas calles mientras el sol me atraviesa con el jaleo de la gente como fondo.
¿Y dónde me despierto? Me despierto cada mañana en este zulo encorsetado dentro de un edificio comunista (espero que este no fuera el sueño del Ché). Le llamo zulo con cariño, o quizá porque habitación doble de 7m2 suena peor.
La verdad es que este dormitorio, construido cuando Polonia era uno de los países satélites de la URSS, es lo mejor dentro de este triste lugar. Un refugio de vida dentro de este área muerta maquillada de zona universitaria y comercial a la que llaman Wrzeszcz.

Es muy fácil criticar un lugar cuando y decir lo extraño que es; pero quizá sea yo el que soy extraño para este lugar.

Después de un invierno tan duro el cuerpo se apaga y solo se enciende a base de chupitos de Vodka. Sin embargo confío que se me encienda el pecho de alegría el día que me despierte por última vez aquí y con los ojos clavados en el techo de esta habitación, aparezca la melancolía por los buenos momentos vividos. Finalmente el sistema de autoprotección de mi mente borrará los malos recuerdos, dejando para siempre el recuerdo de un gran año en la perla del Báltico.


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